Qué ver en Praga
Praga salió casi intacta de la Segunda Guerra Mundial, y esa es la razón de que su centro histórico parezca decorado: no está reconstruido, es el original. La ciudad se organiza en dos orillas del Moldava unidas por el Puente de Carlos, y el recorrido clásico consiste en cruzarlo desde la Ciudad Vieja hasta el castillo.
El Castillo de Praga
No es un castillo al uso sino un recinto enorme —oficialmente el complejo de castillo más grande del mundo— que incluye la catedral de San Vito, el Callejón del Oro y el Palacio Real. Se tarda media mañana larga en verlo con calma. Está en alto, así que o subes andando por Nerudova, que tiene su encanto pero es cuesta continua, o tomas el tranvía 22 hasta arriba y bajas caminando. La segunda opción es la sensata.
El Puente de Carlos y el Reloj Astronómico
El Puente de Carlos es del siglo XIV y está flanqueado por treinta estatuas barrocas. A media mañana es un río de gente; al amanecer, con niebla sobre el Moldava, es otra cosa completamente distinta y merece madrugar una vez.
El Reloj Astronómico de la plaza de la Ciudad Vieja hace su espectáculo de los apóstoles cada hora en punto. Conviene templar expectativas: dura menos de un minuto y la multitud es considerable. Lo que sí merece la pena es subir a la torre del ayuntamiento, desde donde se ve el mosaico de tejados rojos.
El barrio judío
Josefov conserva seis sinagogas y el antiguo cementerio judío, donde las lápidas se amontonan en capas porque durante siglos no se permitió ampliar el terreno. Es la visita más sobrecogedora de la ciudad y se recorre con una entrada conjunta. La sinagoga Pinkas lleva escritos en sus paredes los nombres de las víctimas checas del Holocausto.
Más allá del circuito
La colina de Petřín tiene funicular, una torre que imita a la Eiffel a escala y las mejores vistas panorámicas sin pagar entrada de castillo. Vyšehrad, la otra fortaleza, es donde van los praguenses a pasear el domingo y apenas tiene turistas. Y el barrio de Žižkov concentra la vida nocturna local a precios que no son de centro.
Cuándo ir
Mayo, junio y septiembre reúnen buen tiempo y días largos. Julio y agosto son los meses de más gente. Diciembre tiene los mercados de Navidad, que son de los más bonitos de Europa, pero hace mucho frío y los precios de alojamiento se disparan esas semanas. Enero y febrero son gélidos y la ciudad está prácticamente vacía, que para algunos es exactamente el plan.
Cómo moverse
Praga no tiene tren directo desde el aeropuerto, pero sí autobuses frecuentes que enlazan con el metro. Dentro de la ciudad, el transporte público es barato, puntual y cubre todo; los billetes son por tiempo y hay que validarlos al empezar el trayecto, no al comprarlos. Los revisores existen y multan.
Cuánto contar de presupuesto
Sigue siendo bastante más barata que Europa occidental en comida y bebida, aunque el centro histórico tiene precios inflados. Basta alejarse tres calles de la plaza principal para que la cuenta caiga a la mitad. Los restaurantes con carta en cinco idiomas y camarero en la puerta son exactamente los que hay que evitar.
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